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Que Banksy me perdone

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La señora Gacela que desayuna lunes y resumen del fin de semana, no respira entre palabra y palabra. Su amiga asiente, sonríe, por fin una mueca. El señor del fondo ha pedido un café solo y un croissant planchado. La próxima vez me lo pido. En la cafetería de los susurros se cuecen historias para escribir miles de novelas, todas ellas desde diferentes perspectivas. Si pudiera, colocaría a todos sus protagonistas en fila india y les pediría que me contasen la suya.  Todas serían distintas. Todas serían iguales. Lo único que cambia es el punto de vista. Que Banksy me perdone:  Future.

LA PROMESA

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Me había prometido que no iba a volver a escribirte. Y, sin embargo, aquí estoy: tejiendo letras y cosiendo frases en párrafos de amor, risas, tristeza y añoranza.  Me había prometido no llorarte y, sin embargo, a veces se me anudan las lágrimas a la garganta.  Me había prometido sonreírte cada vez que te pensara y, sin embargo, te siento tan cerca y a la vez, tan lejana.  Me había prometido dejarte ir sola, allá dónde los sentimientos libres y de colores no tienen etiquetas, ni días de calendario, ni género ni número, ni se tildan porque no necesitan más voz que la suya.  Me había prometido quererte cada uno de mis días, presente en los pasos que dé, cogida a nuestra infancia juntas.  Y aunque nunca te lo había prometido, necesito decirte que ya no me siento culpable por seguir viviendo. Que soy feliz aunque no estés. Aunque ya no compartamos cuentos. Aunque no nos enfademos. Aunque no hayan regalos de Navidad por abrir ni fiestas de cumpleaños. Aunque no pueda...

L A P U E R T A

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—Dime, ¿cuántas vueltas de llave tengo que dar?  La adolescencia de La Socia se ha despertado sin avisar. Me habían prevenido y, aún así, me ha cogido en paños menores: con los cuentos antes de ir a dormir, dos besos y un te quiero infinito.  —Y yo también, mama. En la pantalla de su móvil ya no aparecen nuestros veranos ni el helado que nos comimos viendo atardecer el Mediterráneo. Se desliza por la vida con la ligereza de una bailarina. La sigo, a veces a su ritmo y otras, la mayoría, como pollo sin cabeza. Recuerdo cuando la Manolita me espetó la frase lapidaria de mi adolescencia: Ya te llegará. Touché.  Llegado el momento, he cambiado los cuentos por novelas. Los besos por paciencia. Escucharte cuando menos lo merezcas, porque es cuando más lo necesitas. Nuestro espacio por tu intimidad. El sentido de mi vida por tu libertad.  Te quiero desde que sueñas hasta que despiertas, empoderada, segura de ti misma, con las dudas que te invadan, con los aciertos y errores...

EL ACIERTO

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Dice Noelia que en Les Saveurs son preguntonas porque les gusta acertar siempre.  Las ganas se han despertado adormecidas entre las sábanas, con una neblina de incertidumbre. He abierto un abanico de posibilidades en el que me veo muy capaz, pero el teléfono sigue sin sonar. Será cuestión de insistir, me consuelo mientras el agua de la ducha empieza a deslizarse por mi cuerpo. Serrano, que lo mío me ha costado. La alarma de la dieta del verano retumba en mi cabeza y me digo que hasta el 2034 aún tengo tiempo. Quizá debería aceptar que los efectos secundarios del cáncer han venido para quedarse. Nota mental: pedir hora a la ginecóloga. Asunto: menopausia precoz. «¿A los 40?» No, empezó a los 34.  —Un café con leche, corto de café, con leche de avena, sacarina y en vaso, por favor. —¿Descafeinado?, pregunta Noe. —¡Ay, sí! Se me había olvidado. Para acertar es necesario saber formular  preguntas que nos conduzcan a la respuesta que necesitamos.  Feliz día.

PLANTAR EL PINO

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La Socia me ha dicho que con las Converse voy más moderna. Confío en su honestidad de hija y me calzo las negras —tengo las mismas en blanco — para acudir a la entrevista en Ràdio4. Mientras conduzco por la autopista de la vida (que se note el toque literario), me doy cuenta de que lo único moderno que se va a escuchar es mi voz. Pongo firmes a los valores que me han traído hasta aquí y hago un repaso mental de los últimos años. ¡Cuánta intensidad! La misma que me ha dado perspectiva de vida, conciencia del momento y agradecimiento.  Me siento una afortunada pese a todo lo vivido. La base de la resiliencia se basa en esto, transformar las experiencias traumáticas en crecimiento. En mi currículum debería indicar que tengo una amplia experiencia en arquitectura de vida: desde fijar los cimientos hasta embellecer azoteas o restaurar infraestructuras.  —Ahora sólo te queda plantar un pino —me dice el enfermero mientras busca la vena más bonita de mi brazo derecho.  —Lo dejo p...

CON PERMISO

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Del mes, día y lazo rosa. De las campañas que donan 1€ por cada producto vendido en la lucha contra el cáncer. Del bombardeo de publicaciones empatizando con la causa. De los pañuelos anudados a melenas.  Unos cuantos datos (reales): 1️⃣Según la OMC (Organización Médica Colegial de España) 1 de cada 8 mujeres padecerá un cáncer de mama a lo largo de su vida. 2️⃣Una peluca de cabello natural tiene un coste aproximado de 1.000€.  3️⃣Las secuelas del tratamiento oncológico no sólo nos afectan físicamente sino que también tienen efectos secundarios psicológicos, como la #chemobrain: pérdida de memoria, trastornos #depresivos y de #ansiedad.  4️⃣No somos luchadoras, ni guerreras, ni campeonas, ni súper heroínas. Somos mujeres. 5️⃣El cáncer no te cambia ni te convierte en mejor persona.  6️⃣ La actitud no cura. La ciencia y la investigación de tratamientos oncológicos sí. 7️⃣ Una reconstrucción mamaria tras una mastectomía tiene un coste de 30.000€ por privado. La lista de...

N A N O S E G U N D O

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El chico de la mochila negra ha esperado hasta el último nanosegundo en el metaverso para levantarse del asiento y salir pitando del tren. La frase me suena a mentiras e infidelidad, pero siendo lunes me lo permito todo. Hasta la prosa fácil. Una no siempre está en lo alto de la ola. De esa sensación hablaba ayer. Del éxito inmediato, con o sin esfuerzo, que desemboca en una frustración personal o profesional. Que no por mucho amarte lo nuestro funcionará. Que no por mucho trabajar serás nombre propio y no un decimal. Y no por ello tenemos que desistir en el intento de ser nuestra mejor versión. Por nadie ni por nada.  Tan solo por nosotros.  Sin esperar a que  el éxito llame a nuestra puerta disfrazado de elogios, amor volátil, admiración en la que actuamos como espejo de anhelos externos. Que la vida me sorprenda cada nanosegundo del metaverso.  Que del resto ya me encargo yo y una pizca de suerte que me envíe el universo.